sábado, 10 de noviembre de 2012

Etiopia: preparativos

Lo autentico puede estar en cualquier sitio, pero parece mas intenso en Africa, no solo porque pobreza sea un signo de autenticidad, sino por su caracter radical, de raiz. Quizas sea un destino apropiado a este momento de crisis.

Etiopia no escapa al cliche' de la hambruna y la pobreza, pero ofrece mucho mas a quien sepa ver. Lo que me decidio' fue su religiosidad mistica, su cultura diversa, los paisajes con posibilidad de hacer montanyismo y la dulzura de su musica. Aunque estos son mis objetivos, voy abierto a que el camino me lleve y me sorprenda.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La crisis del viaje

Ahora que planteo un nuevo viaje mis escrupulos me frenan: viajar es un capricho occidental insostenible. Es la intensa sensacion que tengo desde hace un tiempo.

Para diluir ese remordimiento reflexiono sobre los patrones que regulan el viaje, de origen romantico y burgues (curiosidad, busqueda de exotismo, necesidad de emociones) y el entorno historico en el que surgio' (el colonialismo).

Es realmente necesario viajar? Es posible una relacion equilibrada desde el desequilibrio de economias ciudadano pobre/turista rico o viceversa? Nos interesa el decorado (monumentos, paisajes) o sus actores (las personas)? Buscamos un dialogo o tan solo ratificar nuestro monologo?

Viajar no es un acto neutral y quizas el paradigma del viaje actual deba cambiar y adaptarse al nuevo momento de crisis actual.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Castaños de Sadernes (Olot)



En otoño busco hayas por el espectáculo cambiante y gratuito antes de la desnudez del invierno. Fui a la Garrotxa para verlas y de paso llegar a la cima del Bassegoda. El camino me llevó a un castañar, y ahí se detuvo mi excursión.

Las hayas se vanaglorian de un carácter altivo y disciplinado, de un rigor matemático, su bosque es un ejército de supervivientes que se apodera del terreno y de la luz, creando una atmósfera de penumbra acuosa y una tupida alfombra rojiza en el suelo. Allí dentro ellas marcan las reglas y el paseante es un invitado que debe guardar la etiqueta, su robustez rechaza la cercanía.

Sin embargo los castaños tienen un porte más familiar y doméstico, su bosque es menos tortuoso y cerrado, sus hojas y ramas tienen cierta languidez tropical y dejan pasar la luz con generosidad. Por el suelo, como si fuera un bautizo, el castaño desparrama sus frutos envueltos en erizos que se abren como flores para dejar salir las orondas castañas. Esos erizos fueron un objeto de diseño fascinante con el que imaginar.

Ni las hayas ni las cumbres tenían ya importancia, estaba ensimismado con ese bosque. Al permanecer allí en silencio aparecieron nuevas calidades: los golpeteos de los animales sobre los árboles, el murmullo de las hojas rozándose, la llegada de una racha de viento, el súbito crujido e impacto de una castaña cayendo al suelo, el cambio sutil de las luces y sombras.

Una experiencia mucho más profunda que el constante caminar. A veces parar no es tan malo, los objetivos como el Bassegoda siempre estarán ahí, el tiempo no.

viernes, 19 de octubre de 2012

Ángel Ferrant y Giovanni Anselmo: lo ínfimo y lo infinito



Hubo un tiempo en el que lo grande y espectacular era lo importante, no lo mucho que nos ensanchara la conciencia o la imaginación, y así lo faraónico acababa enterrando la idea. Disponer de enormes recursos y de una imaginación estrecha fueron símbolos de prosperidad.

En las exposiciones actuales del Caixafórum Barcelona hay dos piezas que niegan el anterior paradigma. Cada una tiene su estilo y evocaciones propias, pero ambas comparten el gusto por lo pequeño, y las dos se expanden invisibles en el espacio y los cerebros, ambas están mágicamente conectadas a distancia. No puedo evitar relacionarlas con este momento, crisis parece equivaler a menos recursos y más imaginación expandiéndose.

sábado, 13 de octubre de 2012

Hoces del Duratón


Entre páramos desnudos aparece sin avisar este humedal escondido en una grieta verde. Lo visitamos desde arriba, en la frontera donde el contraste es más evidente. Allí los buitres planean o descansan sobre los acantilados y bandadas de pequeños pájaros sobrevuelan las copas de los árboles mientras que las rapaces permanecen al acecho.  

Para obtener otra perspectiva bajamos a la grieta frondosa e intentar entender este espacio desde dentro. La variedad vegetal no era muy grande, álamos principalmente, bojes y sabinas pero no dejaba de sorprender tanto verde y agua en una tierra tan seca.

La excursión acabó en Sepúlveda, desparramada sobre una loma y ocupada por iglesias menos concurridas que los mesones y asadores del lugar, abarrotados de familias.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La Habana


Nadie permanece impasible ante ella. La Habana condensa el enigma cubano, su fulgor y decadencia, la tensión histórica y el peso del presente. Si no fuera por la contaminación, los precios y el agobio de la jinetería el viajero probablemente no saldría de aquí.


Toda la ciudad es un monumento que se desmiga en edificios irregulares. Mis favoritos son los que no disimulan sus arrugas. El castillo de naipes de la Habana Vieja y Centro esconden una colmena de escaleras, patios y dobles techos en el que vive una población atrapada, y la calle acaba siendo el salón del barrio, sobre todo a la hora de la fresca. El Vedado es una continua sorpresa, conviven edificios sublimes, ruinas enmohecidas y mansiones tomadas por la vegetación y ropa tendida.

No visitamos los lugares míticos de la revolución, sino la herencia colonial. La catedral, lechosa y marina es tan coqueta de día como de noche cuando en su plaza los músicos ronronean para los turistas. El museo de Bellas Artes fue una perla inesperada, la parte moderna muestra la sorprendente producción contemporánea, y su colección antigua refleja el poder y contradicción de la burguesía criolla del siglo XIX, desligándose de la metrópoli pero aún arraigada a ella. La anacrónica, casi surrealista presencia de estas antigüedades europeas aquí no niegan Cuba, sino que reafirma aún más el carácter cubano.


Un placer extra en los museos cubanos son las vigilantes, numerosísimas y casi siempre mujeres, una en cada sala, ociosas o curiosas, limándose las uñas, mirando el móvil o cuidando de sus hijos, siempre dispuestas a conversar. Entre cuadro y cuadro me dedicaba a observarlas ensimismadas, a estudiar sus estrategias con los visitantes, a fotografiar a sus espaldas o a charlar con ellas.

El mayor corte de luz de los últimos 50 años nos pilló en La Habana, y si al principio pareció amenazante, acabó siendo una ocasión única para pasear por las calles a oscuras manchadas de sombras fantasmagóricas, ver los hogares a la luz de las velas y todos sus ciudadanos en la calle, divertidos y expectantes.

No vivimos la mítica noche de La Habana, quizás por ser tan vanidosa. Nos bastó con disfrutar de la buena comida y pasear por sus calles o por el desvencijado malecón. Los nuevos locales nocturnos crecen a la sombra del peso convertible y del culto a lo material con el modelo norteamericano como referencia. Siempre en las grandes ciudades la desigualdad es menos pudorosa y se pavonea impune.


La doble economía había marcado con tinta invisible todo nuestro viaje, y en los últimos días aprendimos distinguir la savia de ambas venas: el lujo del peso convertible y la común supervivencia asegurada del peso cubano. El primero proporciona lo inalcanzable, representa el exterior, la calidad, el confort. El otro es la dignidad infravalorada de la supervivencia, el humilde hilo que apenas mantiene el día a día. 

Esta doble realidad es el reflejo de la esquizofrenia económica y social de Cuba, el quiero y no puedo, la tensión entre teoría y realidad. Nadie supuso que la revolución llegaría tan lejos y nadie sabe qué ocurrirá en el futuro. Pero les deseo lo mejor.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Viñales



Llegamos en medio de una fabulosa tormenta que no amedrentó a la jauría de ganchos de los hostales que esperaban en la estación. La llegada fue rara y ese aire de extrañeza no me abandonó. Viñales no me gustó, quizás porque la casa que nos alojó fue la única forzadamente acogedora, o porque me resfrié, y porque no pudimos andar por el campo y sólo lo hicimos a caballo, con lo incómodo que me siento imponiendome a los animales.

Viñales no me gustó porque vende su mundo rural y su naturaleza como la mejor de Cuba, pero la venden tan apresuradamente que la están pervirtiendo. Las sonrisas a veces no pueden tapar la avaricia contagiosa, ciega a las personas y a su propio futuro.

De la decepción se salvaron muchas cosas, su tierra de un rojo testarudo, las plantaciones de malanga, los enormes árboles solitarios, las nubes cargadas de agua, Antoñito el Mojito, la señora de la heladería de abajo, las vistas del valle, el frondoso jardín botánico y como siempre los espectaculares atardeceres.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Trinidad y Cienfuegos




La huella colonial es el reclamo turístico de estas dos ciudades, una de aire andaluz y manchego, la otra afrancesada. Todo está cuidado para que el turista no acabe defraudado, hasta el punto que el ambiente parece de cartón-piedra.

Apenas hubo tiempo para craquelar ese decorado y entrar en la verdadera vida que se mueve por ella, escudriñar en colmados, escuelas o dispensarios. Las noches siguieron vibrando con una música que cada vez parecía más nueva. Aquí no fue el son lo que me sorprendió sino la rumba africana, densa y casi iniciática, de una sobriedad trascendental. Bajo su complejidad intuí la influencia de África en el flamenco, algo que nunca llegaba a creerme.


Una noche coincidimos con la actuación de un circo. Nunca me ha gustado, pero la curiosidad por ver el ambiente local era más fuerte. Sin quererlo, rodeados de aplausos y caras fascinadas, recuperamos la ilusión y la fe en la magia, tan infantil y tan necesaria siempre. Volver al lado humano del espectáculo, al cuerpo como origen de enigmas y milagros, sorprenderse con el esfuerzo y el trabajo en equipo, admirar los límites de lo posible, de la elasticidad, la fuerza, la imaginación o la coordinación.

Hollywood y sus efectos especiales se desinflan frente a un entretenimiento tan humano y retador, porque de algún modo la superficial tecnología nos aleja de nosotros y de los demás, se impone desde una pantalla sin mirar a los ojos. Este circo fue un ejemplo de sencillez e ingenio vestido de lentejuelas. Quizás Cuba tenga más cosas que enseñarnos de las que pensamos.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Santiago de Cuba



El viajero es más extranjero si cabe en las ciudades grandes, frente a la avaricia urbana y el extravío de lo poco abarcable. Santiago se salva por la gente corriente, siempre amable y dispuesta a conversar, y por la música que rezuma por las calles.

En toda Cuba la música surge como fragancia compleja y espontánea, deteniendo el paso del viandante y cambiando su vibración. No entendía la música cubana antes de venir aquí, no apreciaba su complejidad desprovista de pompa y orgullo, su herencia dispar tan bien trabada, su relación fluida y coherente entre sus instrumentos y la naturaleza que la rodea, usando sus semillas, calabazas, maderas o pieles tensadas, uniendo natura y cultura espontáneamente.


En bares y escenarios sencillos la música cubana se desborda y une a todos los que la oyen, con ella fluye la cercanía y los pies trazan jeroglíficos en el suelo, el baile esconde un juego ritual. A través de su música entendí el esplendor de los cuerpos unidos moviéndose con sensualidad y vieja elegancia, aprendí a valorar ese sudor perlado en la espalda que las manos acarician.


La revolución también es ubicua en Santiago. Los museos de la revolución intentan mantener vivas las razones y metas de hace medio siglo con la testarudez de un juramento hipocrático, sus vitrinas y salas se obcecan en justificar y mitificar el origen del poder que ostentan. Todos los poderes acaban pareciéndose.

Música y revolución son también los protagonistas en Santa Ifigenia, el blanco cementerio donde están José Martí y Compay Segundo. Muy cerca las suntuosas tumbas de próceres de la ciudad como la familia Bacardí recuerdan otro pasado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Baracoa



Nos dijeron que este pueblo aislado era lo mejor de Cuba y no les creímos. Fue una cuestión de tiempo.
Por el día explorábamos una naturaleza diferente de la mano de Juan Carlos o de Carel, dos guías diferentes: uno humilde, tranquilo y discreto, el otro cercano, brioso y tenaz, ambos mezclando la sabiduría erudita y la tradicional con un sincero respeto por la naturaleza y los campesinos, ambos atentos y curiosos, pacientes ante nuestras perpetuas preguntas botánicas y personales.


Visitamos lugares de nombres soñadores como el Río Miel, el Parque Humboldt y el cañón del Yumurí. Ellos empaparon ojos, oídos y corazón con nuevos amigos que no se olvídan: esbeltos cedros, fosforescentes yagrumas, prácticos júpites, alegres guapenes, expansivos almendros, mangos, güiras, cacaos, uchúas, aguacates, anonas, ocujes... y la gente que se cruzó a nuestro paso.


Por la noche nos esperaba su cocina local a base de coco, cenas interminables al fresco con el cariño de sus habitantes y sus historias rocambolescas. Al final acabábamos en el ambiente de verbena familiar de la Casa de la Trova, donde la vibrante música cubana empezó a calarme con su amabilidad y desparpajo.

Todo era tan natural y vivo que lo difícil fue irse de Baracoa, dejar sus bosques, su música y su gente.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Habana - Guardalavaca


El paisaje de Habana a Oriente es monótono a través de una enorme y vacía autopista. Nubes maternales, vegetación feliz, marabús, paneles con consignas cansinas, caballos, vacas, buitres auras, gallinas, pueblos apaciblemente adormecidos y mucha gente esperando en los arcenes.

Guardalavaca intenta ofrecer al visitante la cara maquillada de sus resorts. Aquí los extranjeros, anillados como aves migratorias, se niegan a salir de la jaula de los buffets, barras libres y playas vigiladas. Fuera de esa burbuja la realidad fluye al margen con toda su contradicción y sabor. Es fácil olvidarse del tiempo conversando con la gente, dejarse invitar a agua de coco o comer en casas particulares con vistas a un mar de postal. La playa no me gustó, la arena es harina, el agua es infusión y la gente cubana se baña en camiseta.

Afortunadamente Guardalavaca no es Varadero, pero le queda poco. Dicen que en nombre del progreso un proyecto homogeneizador talará sus manglares, expulsará a sus vecinos y atraerá a los turistas. Es el precio por construir el paraíso.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Cuba: preparativos


Quería ver Cuba antes de que muriera Fidel, pero sus tópicos siempre me frenaban: playas, salsa, sexo y revolución. Una amiga sacudió ese polvo anticuado sobre la postal turística y me propuso cumplir ahora el viaje pendiente, vivir este fósil social en extinción, visitar por fin la isla de los atardeceres maravillosos.

Una vez en Cuba se intuye que esos tópicos no son sólidos. La complejidad cubana está hecha de realidad y ficción, es un pequeño paraíso de promesas y frustraciones asimiladas, una experiencia surrealista donde todo puede ocurrir, donde casi todo es viejo, pero cada segundo es nuevo.

La densidad histórica de Cuba atraviesa la mirada de quien quiera verla, su rastro apabulla, fascina y duele desde el presente, la tensión de ese pasado se refleja en sus discretos monumentos. Sus iglesias son solitarias y manejables, sus edificios y palacios son más hedonistas que intimidantes, su naturaleza y paisajes carecen de la tensión de lo sobrecogedor, pero en todos ellos laten los conflictos e influencias de ese encuentro entre África, América y Europa. La historia cubana es un espacio que los españoles suelen evitar, quizás por ser la encarnación de un pasado fracasado. Cuba es un pasado español lucrativo y doloroso.

En una cosa el tópico acierta: lo mejor de Cuba es su gente, bromista, habladora, luchadora y familiar, criada entre esa realidad y la ficción, capaz de vivir sus limitaciones con una sonrisa y de reinventar su propia historia ante tus ojos. Sólo un aviso final, este viaje puede llegar a calarte más de lo que esperabas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Ingeniería social


Empecé el día pedaleando hacia la playa cuando me crucé con una persecución policial, un coche y dos motos intentaban dar caza a un africano menudo cargado con un fardo de falsificaciones. No pudieron con su afán de supervivencia, los esquivó incluso cuando ya estaba rodeado por cuatro agentes. No entendí la misión de la policía.

Luego pude ver cardúmenes de peces brillando en una sorprendente coreografía caótica dentro del mar revuelto y metálico. Todos juntos, todos solos.

Al mediodía había Diada Castellera en el barrio de Sants y vibré con esas construcciones humanas en las que el más fuerte está abajo dando apoyo al más frágil que está más alto. Un sencillo ejercicio de voluntad y esfuerzo común que emocionaba.

Sentí que estos tres hechos sociales estaban extrañamente unidos.

domingo, 19 de agosto de 2012

European Poker Tour


La mañana en Barcelona era sofocante, de una claridad intensa, lechosa y húmeda. Al bajar al sótano del Casino entré en un espacio irreal muy alejado del exterior, ambiente claustrofóbico, luces frías indirectas, aire seco de cámara frigorífica, plástico rodeándolo todo. Era la misma sensación falsificada que puede vivirse en Las Vegas, un espacio absolutamente desligado de su entorno, una burbuja aislada de la tierra donde se asienta. El casino actual es otro no-lugar de Augé.

Procuré ir elegante esperándome un casino tipo Mónaco, pero era más bien tipo polígono marginal, chandals, camisetas, gafas oscuras, las formas deformadas. El juego perdía su ceremonia y su función de relación social, sólo quedaba un objetivo aburrido y totalitario: ganar. El aire era más bien burocrático, no había emoción ni reto divertido, ni siquiera el burbujeo del riesgo, apenas había miradas entre los jugadores y mucho menos conversaciones, en la sala sólo se oía el murmullo permanente de las fichas de juego, un sonido similar al de cientos de sonajeros agitados para calmar cierta impaciencia.

No había pasiones, ni siquiera contacto entre las personas, todo el mundo permanecía en un estado de latencia y de toma puntual de decisiones casi rutinaria, puro análisis y cálculo. Muchos llevaban auriculares para aislarse aún más. Me dio la impresión que el póker fagocitaba a la persona, los jugadores eran meros peones, una excusa del juego para que éste siguiera viviendo, y en esta lógica dictatorial las relaciones personales son inexistentes, el ser humano parecía anulado. Lo único emocionante eran las cifras de dinero que se manejaban, pero pronto perdía interés. Me sorprendió la conexión entre el póker y la Bolsa.

Afortunadamente una buena cerveza y unas tapas humildes compartidas en la orgánica Barceloneta nos devolvieron la risueña y sudorosa humanidad.

viernes, 10 de agosto de 2012

Las Bullosas: Pic Peric y Pic Cometa



Las Bullosas parecen un lugar artificial: lagos cristalinos, ranas, riachuelos, libélulas, bosques de pinos, ciervos, buitres, picos vistosos y acogedores albergues con menús sabrosos.

Frente al lago de las Bullosas se alza la cresta del Pic Peric, que conforme me acerco se vuelve una joroba afilada de trepada cuidadosa y accesible, ganando progresivamente vistas panorámicas sobre la zona. Las rocas hacen ruido de vajilla rota y a veces se astillan como leña húmeda. La cima parece concentrar la energía de la zona y cuesta abandonarla.

Sigo recorriendo la cresta en dirección al Pic Cometa por dientes afilados, rocas cubiertas de líquenes fosforescentes que crean una atmósfera marina, jorobas herbosas que suavizan la vista, lagos repeinados por el viento. El Cometa es tan fotogénico como el Peric y sus vistas son aún más dramáticas y completas, abarcando desde el Canigó hasta la Pica de Estats.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Nuria - Carançà - Thues



Desde Núria hay un camino hacia Francia que según dicen fue usado por los maquis en la dictadura franquista, ese recuerdo nos siguió durante todo esta travesía, ser conscientes que hacíamos por placer lo que otros hicieron por necesidad.

La sobriedad del valle de Núria continúa hasta el Coll de Noucreus, punto en el que las montañas se vuelven más abruptas, interesantes y contradictoriamente acogedoras. La bajada entre picos va de lago en lago y entre pinos negros hasta el pequeño Refugio de Carançà.

Desde el Refugio el sendero se adentra por la garganta del Carançà y empieza una variedad vegetal sorprendente que llena los ojos de nubes de hojas con texturas y matices diferentes, luces cambiantes, tonos y brillos complejos mezclados de pinos negros, arces, abetos, robles, fresnos, de acebos enormes, e incluso de algún tejo. Y los olores húmedos de esta brecha frondosa.

Este tramo de la travesía es el más conocido por la sucesión de pasarelas y pequeños puentes colgantes, perfectos para excursiones familiares. La última parte es un vertiginoso sendero excavado en la roca hasta llegar a Thues.

lunes, 6 de agosto de 2012

Pic de l'Áliga, Nuria


El valle de Núria alberga energías incomprensibles, y no sólo es una percepción subjetiva. Aquí habita una Virgen con carácter, una mujer severa y testaruda que se negó a abandonar estas montañas, incluso su hijo parece renunciar a su condición divina y se plega al poder de esta mujer adusta. Más arriba está el Pico del Mal, el Puigmal, robándole protagonismo a esta imagen.

Durante mucho tiempo Núria fue un lugar de difícil peregrinaje, ahora se ha convertido en un parque temático de fácil acceso. La Virgen de Nuria intenta en vano impresionar a los turistas con una iglesia-fortaleza que resulta ser un hotel de lujo, el ocio blando es más rentable. El lugar está plagado de familias sin ningún fervor mariano, pero la energía densa de estas montañas sigue debajo de las atracciones.

Hoy decidí recuperar el sentido peregrino de este santuario para purgar antiguos agravios involuntarios, y el camino resultó un aconsejable sendero con abedules, fresnos, pinos y heladas pozas verdes. Una vez en Núria, la ascensión al Pico de l'Áliga es fácil y muy agradecido, permite mirar de frente al Puigmal y a todos los picos que rodean el santuario.

domingo, 22 de julio de 2012

Economía: Picasso



Me gusta equilibrar experiencias, así que tras la frivolidad de la playa entré en esta exposición sin saber bien dónde me metía. El burocrático pasillo marrón terminó siendo un trayecto excéntrico cada vez más denso, lleno de tramoyistas del arte y de joyitas tan raras como el cuento de la joven Oro Molido, los dibujos de Max Aub, una falsificación de Elmyr d'Ory o las pesetas de de las FAZ. 

Más que un texto, esta exposición es un compendio de citas a pie de página, una fuente de referencias perdidas, una enorme pelota de cabos sueltos esperando ser desliados, una mirada sorprendida y esquizofrénica sobre el arte y la cultura del siglo XX, un cuchillo que corta sesgado el músculo del arte, ¿o tal vez el de la mano que mueve el arte? 

miércoles, 18 de julio de 2012

Pedraforca


Hoy necesitaba un capricho y elegir subir a este enorme totem tribal, una montaña magnética y cercana que hechiza, como esas barrocas copas de helado que se llevan tras de sí todas las miradas. 

Esta señora rodeada de un armiño de pinos negros es una auténtica diva, sobria y digna, tan potente que apenas necesita hacer nada, tan sólo estar arropada por su frondosa manta vegetal con recovecos y humedales. La vegetación es principalmente boj y pino que se vuelven puros supervivientes a altas cotas, de troncos musculosos y retorcidos, con hojas escasas y defensivas. Su piedra blanca deslumbra y texturiza sus grietas, su roca caliza es agradecida y fácil de agarrar. No es difícil coronarla, no hace falta ayuda técnica, pero sí preparación, tiempo y paciencia. Un placer coronar su cumbre bífida que una vez alcanzada o parece tan afilada.

En los alrededores se encuentran muchas ermitas, mi favorita es Santa María de Queralt. Su virgen es pequeña y accesible, hermosa y rodeada de animales (un perro y un petirrojo). Su hijo heredó su buen rollo y salió intelectual sin ser aún pedante. Y su iglesia es como una hermosa masía luminosa que mira hacia Montserrat. 

lunes, 9 de julio de 2012

Laila Tafur en Dies de Dansa



El sábado noche Dies de Dansa estaba dedicado al flamenco. Laila Tafur fue quien más me dió que pensar, ya la había visto hacía poco, y destacaba entre todos los bailaores por lo diferente de sus moviemientos, ella seguía siendo bailarina, a contracorriente. Sus gestos contemporáneos encajan como por magia en el compás, el encuentro de su cuerpo y de la música parece pura coincidencia, un Esperando a Godot que funciona. Verla bailar provoca sensación de estupor, de cuerda floja, de improvisación, de provisionalidad, recordaba en gestos a Israel Galván, pero mucho más desapegada. Era casi una broma que acababa en reflexión.

Sus formas son dulces y abiertas, contrapuestas a la inicial tosquedad y rigidez del flamenco, sus movimientos son suaves y fluidos, en disonancia con el ritmo seco, sincopado y rotundo del flamenco. La corporalidad dolorosa del flamenco no encontraba hueco en la ensoñación de sus movimientos, que recuerdan al mimo. El baile de Laila es una nube vaporizada mientras que el flamenco es un mar condensado, las energías de Laila son centrífugas, mientras que las del flamenco son centrípetas. Si el flamenco es la boca chica del embudo, Laila es la parte abierta. Cómo casar todo esto? Pues con magia o alguna especie de alquimia que permite unir contrarios, de algún modo las raíces de su baile y de la música flamenca se entrelazan.