Llegué a mitad de la noche, el taxi atravesó colinas oscuras y grandes avenidas destartaladas hasta Piazza donde sólo los bares parecían abiertos. A esa hora había muchos borrachos y pocas opciones, acabé en una habitación desangelada del hotel más antiguo de Etiopía.
Al día siguiente la luz plana y deslumbrante del trópico caía sobre una ciudad más arbolada y menos polvorienta de lo que sospechaba, incluso agradable a veces. En sus calles se mezclan mendigos, madres agobiadas, hombres de negocios y mucha gente joven, todos me observan. Tan sólo hice gestiones, me fui al dia siguiente. Las capitales no son buenas para empezar un viaje.
Al día siguiente la luz plana y deslumbrante del trópico caía sobre una ciudad más arbolada y menos polvorienta de lo que sospechaba, incluso agradable a veces. En sus calles se mezclan mendigos, madres agobiadas, hombres de negocios y mucha gente joven, todos me observan. Tan sólo hice gestiones, me fui al dia siguiente. Las capitales no son buenas para empezar un viaje.
El mejor regalo de Addis a mi llegada fue en el almuerzo del hotel, donde una discreta señora tocaba viejas canciones etiopes en el destartalado piano del comedor. La nostalgia de las notas desafinadas tenían tanto cuerpo y tanta vida que reptaban por los altos techos coloniales hasta hacerme casi olvidar la sorprendente comida etíope que empezaba a conocer.
No sería el hotel ese que era como un antiguo club colonial?
ResponderEliminarEse era! aquí sale: http://www.youtube.com/watch?v=OyAy_yO_iuA
ResponderEliminarPues en realidad lo fundó la emperatriz de Menelek II en 1914, pero parece un club inglés
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