viernes, 16 de noviembre de 2012

Bahar Dar de noche

Las noches en África suelen ser momentos de reclusión, pero en Etiopía no tengo sensación de peligro y los oscuros bares de Bahar Dar son irresistibles, hay calles donde el ritmo de los tambores te llama. Ser el único extranjero del bar supone protagonismo asegurado, los trovadores locales te dedicarán tonadillas satíricas y los danzantes te harán bailar algo parecido a un apareamiento de pájaros. En pleno baile las cantantes más atrevidas te echarán repetidamente el aliento a la cara mientras contornean sus hombros y otras sisearán como serpientes mirándote fijamente.


Una noche de vuelta al hotel me colé por una de esas callejuelas que siempre me atraen. Allí en medio de la oscuridad oí la llamada de una chica local, supuse qué significaba y decidí ignorarla, pero ella empezó a seguirme discretamente susurrando en su idioma palabras que yo no entendía. Apreté el paso en vano, ella seguía decidida cada vez más cerca. Metros antes de llegar a la pensión no se daba por vencida, decidí ser más explícito, paré, me giré hacia ella y le lancé un tajante no. Entonces pude verla, no parecía prostituta, sus gestos eran dulces y su ropa humilde, me miraba sonriente, muy joven, discreta pero abierta a mi

No podía creer que me siguiera hasta dentro de la pensión, que me esperase discretamente a que recogiera la llave y que me acompañara hasta la puerta de la habitación, no sabía qué hacer. Ella volvía a susurrarme, y mientras yo preparaba la llave se acercaba cada vez más, segura de que yo finalmente accederíaNervioso conseguí abrir la puerta y cerrarla antes de que ella entrara. Se mantuvo frente a la puerta cerrada, hablándome dulcemente, convencida de que yo abriría. Cerré con llave.

¿Qué me turbaba? ¿su ofrecimiento y determinación o quizás su fragilidad o incluso desesperación? Su actitud no era de una Lolita buscando sino la de un cachorro poniéndose a salvo. Me dejó perplejo, es fácil juzgar desde la honestidad que da la riqueza, y evidentemente ella me enfrentó a mi deseo, mi bienestar y mi piedad. No volví a pasar por aquella calle oscura.

Bahar Dar de día


Me siento como en casa. Al tercer día ya me saludan por la calle y en la panadería saben lo que pediré. Apenas hay museos y monumentos, así que es fácil dejarse llevar por la gente en las avenidas sin rumbo fijo. No pude visitar su iglesia porque estaba rodeada de fieles enveladas en una permanente ceremonia. Todos los días paseé por su magnético lago, entre pobres que se lavan por la mañana, al atardecer por las frescas terrazas de la clase acomodada, y siempre embobado por los pájaros, un espectáculo infravalorado.


Bahar Dar tiene una doble personalidad que pasa desapercibida al principio. En las calles principales reina lo urbano, asfaltadas, bien iluminadas y con edificios occidentales, pero detrás de este decorado pervive un corazón campestre, se abren callejones donde resiste lo rural, el suelo es de tierra, las casas son de adobe y los animales pastan a sus puertas. En estas islas rurales todavía late el recuerdo del pasado de la ciudad, y me gusta que ambas convivan, que aún siga una dentro de la otra, en lugar de ser relegada al extrarradio.


El mercado es uno de los mayores del país, aquí vienen mujeres de los pueblos cercanos, vestidas con trajes locales, siempre en grupos, siempre desconfiando de la gran ciudad. Aquí me perdí entre verduras, especias, gallos y guindillas, conversé con mujeres tatuadas, estafadores poco convencidos y macarrillas locales, reí con ellos y me dejé invitar a probar sus productos, frutas para todos los males, hierbas fragantes y bebidas innombrables. Echaré de menos esta ciudad.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Bahar Dar: Tis Abay


A una hora de bus por un camino polvoriento están las pretendidas fuentes del Nilo, un mito que ha perdido su antigua grandiosidad por pragmatismo: una central eléctrica se apropia del agua y deja sólo el 10% para una catarata exigua pero aún vistosa. De todos modos el camino hasta ella es sólo una excusa para conocer el mundo rural y sus mercados. 


Normalmente evito los guías, pero ese chaval de 13 años era interesante por sí mismo, simpático, dinámico y con voluntad y poder de convicción, quiere llegar muy alto, a presidente del gobierno me dice. Estoy seguro que ya gana más que su padre campesino. No lo necesitaba para llegar a las fuentes del Nilo, pero sí para desmenuzar la realidad paralela al decorado turístico. Él me guió en el mercado de su pueblo, y aprendí a reconocer los cereales y los productos locales como el minúsculo teff, la sorprendente miel, la cerveza de mijo ahumada o la mantequilla intensamente animal, todo tan cerca aún de la naturaleza que sus olores y sabores eran casi sexuales.


Como recuerdo local me llevé puestas un par de pulgas a las que alimentaré durante el resto del viaje. Más de 50 molestas picaduras que recuerdo como lo peor de mi viaje.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Bahar Dar: Lago Tana



El lago Tana es dulce y misterioso, de agua color miel y de orillas boscosas rodeadas de bruma, frecuentadas al atardecer por pájaros sorprendentes y  jóvenes con futuro incierto. Escondidas entre su vegetación hay diseminadas antiguas iglesias y monasterios ortodoxos que parecen renunciar a saber del mundo excepto por querer cobrar una abusiva entrada. 

Las iglesias etíopes son ceremoniosas sin necesidad del protagonismo de las occidentales, prefieren rodearse de muros concéntricos y de árboles, quizás buscando su magia, protección e intimidad, renunciando a perspectivas monumentales. Me chocó la variedad de formas de los templos, mi favorita es la que se adapta a la arquitectura circular tradicional, como una acogedora choza. En el interior viejos dibujos y pinturas de estilo sencillo pero de gran intensidad, delicadeza y profundidad narran las vidas de santos y mártires.

El bosque de la península de Zege es uno de los más frondosos del lago, pero no tan salvaje como puede parecer, de los árboles cuelgan panales y entre el follaje se esconden casas y cercas para animales. Del bosque también surgen sus habitantes, niños uniformados que vienen del colegio queriendo practicar inglés o humildes lugareños que aparecen de entre las ramas, saludan ceremoniosos y se adentran de nuevo en ellas. La magia del lugar parece pervivir en sus habitantes.


Esta visita fue también un momento de encuentros. Un afable monje me preocupó al proclamar en una amable conversación que "los cristianos tenemos el poder del mundo", reflejando tensiones sociales no evidentes. Un turista etíope me preguntó por España y yo sin pensarlo le arengué con el clásico discurso lastimero de la crisis y el paro. Cuando acabé el etíope reflexionó un momento y me dijo "pues no es tan mala la situación en tu país, no?". Evidentemente todo es cuestión de perspectiva. 


Aquí también conocí a los que serán mis compañeros de viaje en Etiopía. Casi sin quererlo coincidimos tantas veces y tan bien que acabamos siendo un buen equipo. Me enriquecieron, me reflejaron y también me acercaron de otro modo a Etiopía. Evidentemente mi viaje fue otro, felizmente diferente al que habría hecho solo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Addis - Bahar Dar


Las fuentes del Nilo no son tan inaccesibles como antes, sólo hacen falta 10 horas de cómodo bus recorriendo montañas y páramos. Esta ruta está sobrevalorada, el cañón del Nilo blanco no es tan espectacular como dicen y los paisajes verdes y dorados desmienten la idea de un país desértico y estéril. Tampoco encontré los clásicos paisajes, sólo reconocía África en los enormes árboles que se erguían solitarios y ceremoniosos, y en las mujeres (siempre mujeres) dobladas por el peso de bidones de agua y fardos de leña.


El autobús se deslizaba por una impecable carretera que poco tenía que ver con un país tan pobre. Los pastores miraban fijamente al autobús, como si fuera un ser mitológico.  En las paradas nuestra presencia interfería en la tranquila vida del pueblo con promesas de dinero fácil. Algún joven atrevido intentaba entablar conversación en inglés, y los niños se acercaban llenos de miedo y moscas. Algunos se conformaban cogerme de la mano.


Al llegar a Bahar Dar una corte de jóvenes guías te acompañan sonrientes e inagotables por las calles ofreciéndote siempre lo mismo hasta que eliges habitación. Superado este rito de bienvenida, la ciudad me saluda tranquila y fácil a pesar de ser tan turística, quizás por la dulzura y misterio de su lago, lleno de monasterios y pájaros inverosímiles.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Addis Abeba


Llegué a mitad de la noche, el taxi atravesó colinas oscuras y grandes avenidas destartaladas hasta Piazza donde sólo los bares parecían abiertos. A esa hora había muchos borrachos y pocas opciones, acabé en una  habitación desangelada del hotel más antiguo de Etiopía.


Al día siguiente la luz plana y deslumbrante del trópico caía sobre una ciudad más arbolada y menos polvorienta de lo que sospechaba, incluso agradable a veces. En sus calles se mezclan mendigos, madres agobiadas, hombres de negocios y mucha gente joven, todos me observan. Tan sólo hice gestiones, me fui al dia siguiente. Las capitales no son buenas para empezar un viaje.

El mejor regalo de Addis a mi llegada fue en el almuerzo del hotel, donde una discreta señora tocaba viejas canciones etiopes en el destartalado piano del comedor. La nostalgia de las notas desafinadas tenían tanto cuerpo y tanta vida que reptaban por los altos techos coloniales hasta hacerme casi olvidar la sorprendente comida etíope que empezaba a conocer. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Estambul: Aya Sofia


De camino a Addis Abeba hice escala en Estambul: Aya Sofia era el objetivo. Recuerdo intensamente mi primera visita hace años.

De lejos parece un ovni o una montaña mágica, con esa gravedad tan compacta. De cerca es más contradictoria, tiene cierto aire industrial y casi chabolero, mezclando materiales y perspectivas confusas. Ese esplendor extraterrestre vuelve cuando camino hacia su interior, un espacio no imaginado que detiene la luz y el corazón, un inmenso pecho maternal que respira pausadamente, un vientre que acoge sin ahogar ni confundir con sus enormes dimensiones. Me gusta confirmar su poder e intensidad en la cara boquiabierta de los que entran por primera vez

Es tan irreal que nada es lo que parece, la iglesia es también mezquita, el suelo pierde su solidez y se convierte en estanque, los mosaicos del techo tienen textura de alfombras algodonosas, el espacio interior parece vacío y saturado a la vez, cambia de un sobrio blanco al mediodia a un dorado líquido al atardecer. Todo parece convivir con tranquilidad, dibujos cristianos y caligrafías islámicas. 

De camino al aeropuerto las llamadas de los muezzines me despedían y las hojas de otoño de los árboles evocaban el resplandor brillante y fragmentado de Aya Sofía. Mi avión bajará siguiendo el Nilo desde Estambul hasta Etiopia, el lugar donde este rio nace. Tenia sentido parar en Estambul.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Etiopia: preparativos

Lo autentico puede estar en cualquier sitio, pero parece mas intenso en Africa, no solo porque pobreza sea un signo de autenticidad, sino por su caracter radical, de raiz. Quizas sea un destino apropiado a este momento de crisis.

Etiopia no escapa al cliche' de la hambruna y la pobreza, pero ofrece mucho mas a quien sepa ver. Lo que me decidio' fue su religiosidad mistica, su cultura diversa, los paisajes con posibilidad de hacer montanyismo y la dulzura de su musica. Aunque estos son mis objetivos, voy abierto a que el camino me lleve y me sorprenda.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La crisis del viaje

Ahora que planteo un nuevo viaje mis escrupulos me frenan: viajar es un capricho occidental insostenible. Es la intensa sensacion que tengo desde hace un tiempo.

Para diluir ese remordimiento reflexiono sobre los patrones que regulan el viaje, de origen romantico y burgues (curiosidad, busqueda de exotismo, necesidad de emociones) y el entorno historico en el que surgio' (el colonialismo).

Es realmente necesario viajar? Es posible una relacion equilibrada desde el desequilibrio de economias ciudadano pobre/turista rico o viceversa? Nos interesa el decorado (monumentos, paisajes) o sus actores (las personas)? Buscamos un dialogo o tan solo ratificar nuestro monologo?

Viajar no es un acto neutral y quizas el paradigma del viaje actual deba cambiar y adaptarse al nuevo momento de crisis actual.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Castaños de Sadernes (Olot)



En otoño busco hayas por el espectáculo cambiante y gratuito antes de la desnudez del invierno. Fui a la Garrotxa para verlas y de paso llegar a la cima del Bassegoda. El camino me llevó a un castañar, y ahí se detuvo mi excursión.

Las hayas se vanaglorian de un carácter altivo y disciplinado, de un rigor matemático, su bosque es un ejército de supervivientes que se apodera del terreno y de la luz, creando una atmósfera de penumbra acuosa y una tupida alfombra rojiza en el suelo. Allí dentro ellas marcan las reglas y el paseante es un invitado que debe guardar la etiqueta, su robustez rechaza la cercanía.

Sin embargo los castaños tienen un porte más familiar y doméstico, su bosque es menos tortuoso y cerrado, sus hojas y ramas tienen cierta languidez tropical y dejan pasar la luz con generosidad. Por el suelo, como si fuera un bautizo, el castaño desparrama sus frutos envueltos en erizos que se abren como flores para dejar salir las orondas castañas. Esos erizos fueron un objeto de diseño fascinante con el que imaginar.

Ni las hayas ni las cumbres tenían ya importancia, estaba ensimismado con ese bosque. Al permanecer allí en silencio aparecieron nuevas calidades: los golpeteos de los animales sobre los árboles, el murmullo de las hojas rozándose, la llegada de una racha de viento, el súbito crujido e impacto de una castaña cayendo al suelo, el cambio sutil de las luces y sombras.

Una experiencia mucho más profunda que el constante caminar. A veces parar no es tan malo, los objetivos como el Bassegoda siempre estarán ahí, el tiempo no.

viernes, 19 de octubre de 2012

Ángel Ferrant y Giovanni Anselmo: lo ínfimo y lo infinito



Hubo un tiempo en el que lo grande y espectacular era lo importante, no lo mucho que nos ensanchara la conciencia o la imaginación, y así lo faraónico acababa enterrando la idea. Disponer de enormes recursos y de una imaginación estrecha fueron símbolos de prosperidad.

En las exposiciones actuales del Caixafórum Barcelona hay dos piezas que niegan el anterior paradigma. Cada una tiene su estilo y evocaciones propias, pero ambas comparten el gusto por lo pequeño, y las dos se expanden invisibles en el espacio y los cerebros, ambas están mágicamente conectadas a distancia. No puedo evitar relacionarlas con este momento, crisis parece equivaler a menos recursos y más imaginación expandiéndose.

sábado, 13 de octubre de 2012

Hoces del Duratón


Entre páramos desnudos aparece sin avisar este humedal escondido en una grieta verde. Lo visitamos desde arriba, en la frontera donde el contraste es más evidente. Allí los buitres planean o descansan sobre los acantilados y bandadas de pequeños pájaros sobrevuelan las copas de los árboles mientras que las rapaces permanecen al acecho.  

Para obtener otra perspectiva bajamos a la grieta frondosa e intentar entender este espacio desde dentro. La variedad vegetal no era muy grande, álamos principalmente, bojes y sabinas pero no dejaba de sorprender tanto verde y agua en una tierra tan seca.

La excursión acabó en Sepúlveda, desparramada sobre una loma y ocupada por iglesias menos concurridas que los mesones y asadores del lugar, abarrotados de familias.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La Habana


Nadie permanece impasible ante ella. La Habana condensa el enigma cubano, su fulgor y decadencia, la tensión histórica y el peso del presente. Si no fuera por la contaminación, los precios y el agobio de la jinetería el viajero probablemente no saldría de aquí.


Toda la ciudad es un monumento que se desmiga en edificios irregulares. Mis favoritos son los que no disimulan sus arrugas. El castillo de naipes de la Habana Vieja y Centro esconden una colmena de escaleras, patios y dobles techos en el que vive una población atrapada, y la calle acaba siendo el salón del barrio, sobre todo a la hora de la fresca. El Vedado es una continua sorpresa, conviven edificios sublimes, ruinas enmohecidas y mansiones tomadas por la vegetación y ropa tendida.

No visitamos los lugares míticos de la revolución, sino la herencia colonial. La catedral, lechosa y marina es tan coqueta de día como de noche cuando en su plaza los músicos ronronean para los turistas. El museo de Bellas Artes fue una perla inesperada, la parte moderna muestra la sorprendente producción contemporánea, y su colección antigua refleja el poder y contradicción de la burguesía criolla del siglo XIX, desligándose de la metrópoli pero aún arraigada a ella. La anacrónica, casi surrealista presencia de estas antigüedades europeas aquí no niegan Cuba, sino que reafirma aún más el carácter cubano.


Un placer extra en los museos cubanos son las vigilantes, numerosísimas y casi siempre mujeres, una en cada sala, ociosas o curiosas, limándose las uñas, mirando el móvil o cuidando de sus hijos, siempre dispuestas a conversar. Entre cuadro y cuadro me dedicaba a observarlas ensimismadas, a estudiar sus estrategias con los visitantes, a fotografiar a sus espaldas o a charlar con ellas.

El mayor corte de luz de los últimos 50 años nos pilló en La Habana, y si al principio pareció amenazante, acabó siendo una ocasión única para pasear por las calles a oscuras manchadas de sombras fantasmagóricas, ver los hogares a la luz de las velas y todos sus ciudadanos en la calle, divertidos y expectantes.

No vivimos la mítica noche de La Habana, quizás por ser tan vanidosa. Nos bastó con disfrutar de la buena comida y pasear por sus calles o por el desvencijado malecón. Los nuevos locales nocturnos crecen a la sombra del peso convertible y del culto a lo material con el modelo norteamericano como referencia. Siempre en las grandes ciudades la desigualdad es menos pudorosa y se pavonea impune.


La doble economía había marcado con tinta invisible todo nuestro viaje, y en los últimos días aprendimos distinguir la savia de ambas venas: el lujo del peso convertible y la común supervivencia asegurada del peso cubano. El primero proporciona lo inalcanzable, representa el exterior, la calidad, el confort. El otro es la dignidad infravalorada de la supervivencia, el humilde hilo que apenas mantiene el día a día. 

Esta doble realidad es el reflejo de la esquizofrenia económica y social de Cuba, el quiero y no puedo, la tensión entre teoría y realidad. Nadie supuso que la revolución llegaría tan lejos y nadie sabe qué ocurrirá en el futuro. Pero les deseo lo mejor.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Viñales



Llegamos en medio de una fabulosa tormenta que no amedrentó a la jauría de ganchos de los hostales que esperaban en la estación. La llegada fue rara y ese aire de extrañeza no me abandonó. Viñales no me gustó, quizás porque la casa que nos alojó fue la única forzadamente acogedora, o porque me resfrié, y porque no pudimos andar por el campo y sólo lo hicimos a caballo, con lo incómodo que me siento imponiendome a los animales.

Viñales no me gustó porque vende su mundo rural y su naturaleza como la mejor de Cuba, pero la venden tan apresuradamente que la están pervirtiendo. Las sonrisas a veces no pueden tapar la avaricia contagiosa, ciega a las personas y a su propio futuro.

De la decepción se salvaron muchas cosas, su tierra de un rojo testarudo, las plantaciones de malanga, los enormes árboles solitarios, las nubes cargadas de agua, Antoñito el Mojito, la señora de la heladería de abajo, las vistas del valle, el frondoso jardín botánico y como siempre los espectaculares atardeceres.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Trinidad y Cienfuegos




La huella colonial es el reclamo turístico de estas dos ciudades, una de aire andaluz y manchego, la otra afrancesada. Todo está cuidado para que el turista no acabe defraudado, hasta el punto que el ambiente parece de cartón-piedra.

Apenas hubo tiempo para craquelar ese decorado y entrar en la verdadera vida que se mueve por ella, escudriñar en colmados, escuelas o dispensarios. Las noches siguieron vibrando con una música que cada vez parecía más nueva. Aquí no fue el son lo que me sorprendió sino la rumba africana, densa y casi iniciática, de una sobriedad trascendental. Bajo su complejidad intuí la influencia de África en el flamenco, algo que nunca llegaba a creerme.


Una noche coincidimos con la actuación de un circo. Nunca me ha gustado, pero la curiosidad por ver el ambiente local era más fuerte. Sin quererlo, rodeados de aplausos y caras fascinadas, recuperamos la ilusión y la fe en la magia, tan infantil y tan necesaria siempre. Volver al lado humano del espectáculo, al cuerpo como origen de enigmas y milagros, sorprenderse con el esfuerzo y el trabajo en equipo, admirar los límites de lo posible, de la elasticidad, la fuerza, la imaginación o la coordinación.

Hollywood y sus efectos especiales se desinflan frente a un entretenimiento tan humano y retador, porque de algún modo la superficial tecnología nos aleja de nosotros y de los demás, se impone desde una pantalla sin mirar a los ojos. Este circo fue un ejemplo de sencillez e ingenio vestido de lentejuelas. Quizás Cuba tenga más cosas que enseñarnos de las que pensamos.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Santiago de Cuba



El viajero es más extranjero si cabe en las ciudades grandes, frente a la avaricia urbana y el extravío de lo poco abarcable. Santiago se salva por la gente corriente, siempre amable y dispuesta a conversar, y por la música que rezuma por las calles.

En toda Cuba la música surge como fragancia compleja y espontánea, deteniendo el paso del viandante y cambiando su vibración. No entendía la música cubana antes de venir aquí, no apreciaba su complejidad desprovista de pompa y orgullo, su herencia dispar tan bien trabada, su relación fluida y coherente entre sus instrumentos y la naturaleza que la rodea, usando sus semillas, calabazas, maderas o pieles tensadas, uniendo natura y cultura espontáneamente.


En bares y escenarios sencillos la música cubana se desborda y une a todos los que la oyen, con ella fluye la cercanía y los pies trazan jeroglíficos en el suelo, el baile esconde un juego ritual. A través de su música entendí el esplendor de los cuerpos unidos moviéndose con sensualidad y vieja elegancia, aprendí a valorar ese sudor perlado en la espalda que las manos acarician.


La revolución también es ubicua en Santiago. Los museos de la revolución intentan mantener vivas las razones y metas de hace medio siglo con la testarudez de un juramento hipocrático, sus vitrinas y salas se obcecan en justificar y mitificar el origen del poder que ostentan. Todos los poderes acaban pareciéndose.

Música y revolución son también los protagonistas en Santa Ifigenia, el blanco cementerio donde están José Martí y Compay Segundo. Muy cerca las suntuosas tumbas de próceres de la ciudad como la familia Bacardí recuerdan otro pasado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Baracoa



Nos dijeron que este pueblo aislado era lo mejor de Cuba y no les creímos. Fue una cuestión de tiempo.
Por el día explorábamos una naturaleza diferente de la mano de Juan Carlos o de Carel, dos guías diferentes: uno humilde, tranquilo y discreto, el otro cercano, brioso y tenaz, ambos mezclando la sabiduría erudita y la tradicional con un sincero respeto por la naturaleza y los campesinos, ambos atentos y curiosos, pacientes ante nuestras perpetuas preguntas botánicas y personales.


Visitamos lugares de nombres soñadores como el Río Miel, el Parque Humboldt y el cañón del Yumurí. Ellos empaparon ojos, oídos y corazón con nuevos amigos que no se olvídan: esbeltos cedros, fosforescentes yagrumas, prácticos júpites, alegres guapenes, expansivos almendros, mangos, güiras, cacaos, uchúas, aguacates, anonas, ocujes... y la gente que se cruzó a nuestro paso.


Por la noche nos esperaba su cocina local a base de coco, cenas interminables al fresco con el cariño de sus habitantes y sus historias rocambolescas. Al final acabábamos en el ambiente de verbena familiar de la Casa de la Trova, donde la vibrante música cubana empezó a calarme con su amabilidad y desparpajo.

Todo era tan natural y vivo que lo difícil fue irse de Baracoa, dejar sus bosques, su música y su gente.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Habana - Guardalavaca


El paisaje de Habana a Oriente es monótono a través de una enorme y vacía autopista. Nubes maternales, vegetación feliz, marabús, paneles con consignas cansinas, caballos, vacas, buitres auras, gallinas, pueblos apaciblemente adormecidos y mucha gente esperando en los arcenes.

Guardalavaca intenta ofrecer al visitante la cara maquillada de sus resorts. Aquí los extranjeros, anillados como aves migratorias, se niegan a salir de la jaula de los buffets, barras libres y playas vigiladas. Fuera de esa burbuja la realidad fluye al margen con toda su contradicción y sabor. Es fácil olvidarse del tiempo conversando con la gente, dejarse invitar a agua de coco o comer en casas particulares con vistas a un mar de postal. La playa no me gustó, la arena es harina, el agua es infusión y la gente cubana se baña en camiseta.

Afortunadamente Guardalavaca no es Varadero, pero le queda poco. Dicen que en nombre del progreso un proyecto homogeneizador talará sus manglares, expulsará a sus vecinos y atraerá a los turistas. Es el precio por construir el paraíso.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Cuba: preparativos


Quería ver Cuba antes de que muriera Fidel, pero sus tópicos siempre me frenaban: playas, salsa, sexo y revolución. Una amiga sacudió ese polvo anticuado sobre la postal turística y me propuso cumplir ahora el viaje pendiente, vivir este fósil social en extinción, visitar por fin la isla de los atardeceres maravillosos.

Una vez en Cuba se intuye que esos tópicos no son sólidos. La complejidad cubana está hecha de realidad y ficción, es un pequeño paraíso de promesas y frustraciones asimiladas, una experiencia surrealista donde todo puede ocurrir, donde casi todo es viejo, pero cada segundo es nuevo.

La densidad histórica de Cuba atraviesa la mirada de quien quiera verla, su rastro apabulla, fascina y duele desde el presente, la tensión de ese pasado se refleja en sus discretos monumentos. Sus iglesias son solitarias y manejables, sus edificios y palacios son más hedonistas que intimidantes, su naturaleza y paisajes carecen de la tensión de lo sobrecogedor, pero en todos ellos laten los conflictos e influencias de ese encuentro entre África, América y Europa. La historia cubana es un espacio que los españoles suelen evitar, quizás por ser la encarnación de un pasado fracasado. Cuba es un pasado español lucrativo y doloroso.

En una cosa el tópico acierta: lo mejor de Cuba es su gente, bromista, habladora, luchadora y familiar, criada entre esa realidad y la ficción, capaz de vivir sus limitaciones con una sonrisa y de reinventar su propia historia ante tus ojos. Sólo un aviso final, este viaje puede llegar a calarte más de lo que esperabas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Ingeniería social


Empecé el día pedaleando hacia la playa cuando me crucé con una persecución policial, un coche y dos motos intentaban dar caza a un africano menudo cargado con un fardo de falsificaciones. No pudieron con su afán de supervivencia, los esquivó incluso cuando ya estaba rodeado por cuatro agentes. No entendí la misión de la policía.

Luego pude ver cardúmenes de peces brillando en una sorprendente coreografía caótica dentro del mar revuelto y metálico. Todos juntos, todos solos.

Al mediodía había Diada Castellera en el barrio de Sants y vibré con esas construcciones humanas en las que el más fuerte está abajo dando apoyo al más frágil que está más alto. Un sencillo ejercicio de voluntad y esfuerzo común que emocionaba.

Sentí que estos tres hechos sociales estaban extrañamente unidos.