miércoles, 17 de noviembre de 2010

Bogotá - San Agustin

A menudo las capitales a las que solemos llegar a un nuevo país actúan como vacunas para el resto del territorio. En cuanto salí de Bogotá recuperé el sabor del viaje. Para la lluvia compré un enorme paraguas que me sirve de bastón. Para el miedo, he aprendido a ver como señal de seguridad la frecuente presencia armada y ya interpreto la actitud protectora de los colombianos como una forma de intentar borrar la imagen de peligro asociada al país durante años.

Decidí seguir la ruta sur, más discreta y solitaria que el espectacular norte (Cartagena, Tayrona, Ciudad Perdida). Había olvidado ya el extraño placer de estar 12 horas en tres autobuses con música a tope para recorrer 530 km de camino a veces tortuoso y otras frenético, con dolor de rodillas y todos los esfínteres debidamente cerrados. Pasar poblaciones con sus mercadillos, bares de carretera, vendedores ambulantes de productos locales, controles militares, moteles para parejas, entierros con mariachis (está de moda, me decían). Iba al desierto andino de Tatacoa, pero a mitad de camino decidí pasar de largo y seguir hasta San Agustín, una zona arqueológica en los Andes orientales, cerca de Ecuador. Llegar de noche con el cuerpo desencajado, con ganas de nada y de todo: comer, beber, dormir.
San Agustín es una comunidad rural cafetera ocupada por el turismo de fin de semana. Fue dulce despertar aquí y arreglar cosas de intendencia tratando con su población, siempre amable, algo desconfiada y poco dotada para explicar direcciones. El Parque Arqueológico me provocó estrabismo, un ojo admirando las tallas de hombres-leopardo y el otro sobrecogido por una jungla espesa que lo acoge, con tecas, palmeras, helechos arborescentes, lianas, flores sorprendentes y muchas otras que no conocía. Las texturas y colores de su vegetación deja un poco perdido, sin saber asimilarla. La experiencia de la lluvia en la jungla hay que vivirla. De vuelta en el pueblo comí en una casa familiar, rodeado de mujeres de todas las edades hipnotizadas por un culebrón previsible.
La tarde pasó esperando un bus local que llegó lleno de campesinos, niños, abuelas y sacos, sin un hueco para un turista. Me eché a andar sin rumbo fijo, saliendo del pueblo. Un vendedor de esmeraldas me proporcionó un guía de 13 años para visitar bajorrelieves en la garganta del Río Magdalena. Un guía sirve sobre todo para ver el país a través de sus ojos, así que no paré de preguntarle cosas mientras andábamos por barro hacia un paisaje espectacular de laderas cubiertas de cascadas. Volví al atardecer de cielo despejado, custodiado por los perros del barrio y algún carromato.

Hoy caeré en la cama muerto. Mañana me esperan varios buses hasta llegar a Tierradentro (eso confío!)

lunes, 15 de noviembre de 2010

Bogotá III

Domingo nublado en Bogotá, adaptándome al nuevo horario y al país. Ya no me choca tanto desayunar delicioso chocolate caliente con huevos revueltos y brioche.
Visito iglesias, algunas vanidosas, otras hermosísimas, sobrias y apasionadas, creando extrañas culturas de interesecciones entre el viejo y el nuevo mundo. Cuadros atormentados donde sólo hay infierno, otros recuerdan a Caravaggio, Latour o Velázquez. Celosías marcando diferencias.
La calle 7 está tomada por los ciclistas y patinadores, una sociedad que insiste en participar cuando le dan ocasión.
El Museo del Oro va más allá del valor de este metal y descubre maestría y cosmogonías locales, animales y las geometrías en oro. Los objetos de poder, siempre tan prepotentes, planos y evidentes, fueron los más aburridos. Las salas seguían llenas de bogotanos curiosos.
Mercadillos dominicales bajo una persistente lluvia, unos más populares, otros más cuidadosos. Apenas ví diferencias en un rastro español. La globalización?
Gastronómicamente mi anfitrión me ha hecho disfrutar de un menú vegetariano y me ha descubierto la guanabana, una enorme chirimoya con un punto de sabor a pegamento, lechosa y cítrica. Deliciosa.
Y la gran estrella: El festival de la chicha, entre los barrios de la Macarena y la Perseverancia. La chicha es una bebida popular de maíz fermentado, muy nutritiva y con unos 4 grados. Su textura es de crema espesa, con un color dorado o incluso tostado y un olor ácido fermentado y sabor algo dulce de maíz y trigo tostado, con acidez y algo de burbuja en boca. Es muy fácil de beber y de emborracharse con ella. Nadie la comercializa industrialmente, y era tan barata que la llegaron a prohibir porque le hacía competencia a la cerveza. La fiesta estaba llena de gente sencilla reunida, bailando, bebiendo y compartiendo. De nuevo he sido testigo de la hospitalidad colombiana hasta que la lluvia me echó de nuevo.
Mañana dejo Bogotá y aún no sé hacia dónde iré, sur o norte, depende del tiempo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Bogotá II

De día Bogotá asusta menos. Hay un ambiente fértil (humedad, verdor fascinante y desconocido, parejas apasionadas en público) y también opresivo (pobreza, policía ubicua muy visible). La ciudad se divide básicamente en zonas seguras y no seguras. Todos la perciben así, imposible no entrar en ese juego algo siniestro. En Colombia la alegría y el miedo son especialmente contagiosos.

Subo al mirador de Monserrate. Mirando desde arriba la ciudad fundada por los conquistadores soy consciente del uso de la ciudad como instrumento de control social.

Quedo con amigos colombianos, tan amables. Me enseñan la Bogotá familiar, de restaurantes cómodos y generosos, de centros comerciales fáciles y ordenados, de jugueterías coloristas.

Su hijo Juan fue la estrella brillante y discreta, de profundos ojos negros y de alegría tranquila. Juan es empático, asertivo, cariñoso y casi un chamán. Una vez le dijo a su madre: "vosotros no me trajisteis, yo os elegí". Y también "tú eres la diosa águila que me enseñó a volar". Con 6 años de edad.

De noche paseé por una Candelaria extrañamente solitaria, las basuras estaban desparramadas por las calles, los pobres eran los responsables de ese desorden, hurgaban en ellas para obtener su oro reciclable: latas, botellas, chapas, alguna ropa, un bocado. Quizás no tuvieron una diosa águila como el niño Juan.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Bogotá I

Siempre ocurre igual, después del viaje llego muerto a la habitación y un resorte interno termina haciéndome salir para darle un tiento a la nueva ciudad anochecida.

He visto el Septimazo, actividad participativa en la calle 7a, desde vender artesanía, pasando por comida rápida, hasta actuaciones de malabares o de grupos de música. Toda la calle llena de ganas de vivir.

Me sorprendió mucha policía, pintadas revolucionarias (por qué en América parece tan posible la utopía?), tres jóvenes en medio de la calle golpeando a otro haciendo ruidos sordos, dos borrachos jugando a ajedrez...

Estoy en Alterego Hostel, estratégicamente situado en el barrio colonial de la Candelaria, nada del otro mundo pero muy atentos, cama por 9 euros.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Colombia 2010: Preparativos

Un viaje supone romper con lo cotidiano,
aunque nuestra sociedad insista en integrar el viaje
como algo normal y parte de nuestra vida.

Esta vez no quería irme de viaje.
Estamos obligados a viajar?
Quizás lo revolucionario ahora sea parar.

Por qué Colombia?
porque es un destino poco turístico,
cálido por la gente y por el clima,
con naturaleza y cultura interesantes.
Tengo mucha curiosidad.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El Prado, BSO

Visito herido el Prado. Busco al Greco y el último Goya.
Rehúyo al liviano Velázquez y su dolorosa perfección,
pura falsedad.

Por primera vez observo estos cuadros con música.
Dominique A, Massive Attack y Velvet Underground,
embutiéndome en la piel de esos santos, brujas y sombras.

martes, 5 de octubre de 2010

Venecia, 17 Bienal de Arquitectura


Venecia guiña al mundo y atrae una nube de sueños lánguidos. Mujeres ricas jugando con entusiasmo infantil a ser cortesanas enmascaradas, una flautista nórdica temblando en la oscuridad sobre tacones sadomaso, pensadores tristes sondeando la imaginación contemporánea, mujeres insecto reconociéndose a distancia en vaporettos ondulantes, hombres vanidosos ostentando poder, sonrisas vestidas de rojo en góndolas negras, uñas rusas de fantasía portando pizzas fragantes, revuelo de cámaras alrededor del tópico, la ilusión de la inspiración en la punta del lápiz.



Biennale de Architettura

Las “artes” se miran unas a otras, travestidas y bastardas, hasta reconocer y no reconocerse. Al final se busca el concepto motor, germen de ideas, paraísos artificiales. Otro parque temático de la creatividad. Me gustaron:

- Christian Kerez: modelos estructurales, espacios sin columnas vertiginosos.


- AMID.cero9: pabellón fucsia en el valle del Jerte

- OMA: reflexión descarnada sobre la política de restauración.

- Atelier Bow Wow: casas adaptadas al espacio y a las necesidades del usuario.

- Pezo von Ellrischshausen Architects, proyectos monolíticos devorados por el paisaje.

- Open source design network: Proyectos abiertos accesibles

- España: IAAC, Fablabhouse, formas redondeadas y orgánicas.


Rotor

- Bélgica: Rotor, Usus/Usures: el uso, el paso del tiempo. Sobrecogedora simplicidad.


- Holanda: Vacant NL, registro de edificios vacíos.

- Japón: ciudades y poder, movimiento Metabolism.


P. Beesley

- Canadá: Philip Beesley, Liminar response architecture.

- República checa: Mobile Food Collective: arquitectura en Madera poco práctica.

- Israel: Arquitectura de los Kibutz, propaganda política.

- Finlandia/Noruega/Suecia (pabellón bellísimo de Sverre Fehn,1962): Public Spaces: A movable Chapel, (paz y silencio, atmósfera de bosque), Outdor fireplace, Finland Pavilion Kirnu, Norway pavilion.

- Dinamarca: La ciudad habitable.

- Finlandia: colegios (pensar los espacios de los niños para su educación).

- Austria: Dendriticity.

- El Pabellón de Venezuela estaba cerrado!


Transsolar y Tetsuo Kondo

- Transsolar y Tetsuo Kondo Architects: Cloudscapes (andar por las nubes!)

- Antón García Abril, ejercicios de equilibrio

- Studio Mumbai Architects, la idea de oficio, cerca de los artesanos.


- Olafur Eliasson: Sutil, simple, casi infantil y tan poderoso.

- Toyo Ito & Asociates, Tai Chung Metropolitan Opera House (acabado en 2013)

- Janet Cardiff: Forty Part Motet

- Piet Oudolf: Giardino delle Vergini, bien diseñado, sutil y atractivo.


lunes, 4 de octubre de 2010

Vaga 29 S


La ciudad está levantada por la huelga. Ambiente de desorden (¿desorden=conflicto?, ¿qué es más importante, el orden o la razón? ¿quién tiene la razón?). Basuras tiradas, (¿visualizar lo oculto?, basura social, precariedad, extorsión). Ambiente de guerra, de provocación y enfrentamiento. Edificio en plaza Catalunya ocupado, dos partes muy definidas:

- la policía antidisturbios, samuráis de negro, agrupados y organizados como un ser articulado, la tensión agarrotada entre el miedo y la prisa por actuar. Plan claramente establecido, densidad, estrategia de amenaza y violencia puntual, control progresivo.

- Los antisistema: también uniformados y reconocibles. Entre la guerrilla y la no violencia. Acción no coordinada, ambigua, sin plan, improvisación, cardumen, entre el miedo y el divertimento, banalización de la violencia, sensación de juego, caras de placer y de agravio, no sistematizado, abierto.


Pero la vida sigue. Extraño ver moverse ambos grupos entre la masa observante, mayoritaria, a una distancia prudencial, asustados, curiosos o apáticos, como si no pasara nada o se acabase el mundo.

Resultado: el poder se aferra a su estatus y la mayoría de la gente tiene miedo de la violencia, sólo ven caos, descontrol y acaban pidiendo mano dura contra los antisistema. Un buen ejercicio de reflexión.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Mallorca

En principio, Mallorca parece abarcable, pero sus micromundos estiran la isla a dimensiones continentales.
El carácter mallorquín ha aceptado y acogido invasiones durante siglos, y así también permite ahora a británicos, franceses y sobre todo alemanes. Las poblaciones apenas sienten la distorsión de esta presencia peregrina que consume educadamente sin prestar atención a los locales, sólo al decorado.
La Sierra de Tramuntana es un laberinto embrujado que nos enseña incansablemente la salida dirigiéndonos hacia los acantilados, donde espera un mar enorme y acogedor con puntillas blancas. Y por el camino pinos, algarrobos, almendros, arbustos, cabras negras y atalayas mágicas.

sábado, 17 de julio de 2010

Mundial de Fútbol II 2010

11 julio

Fin de semana extraño, entre el agravio de una comunidad (la catalana) y la pasión de otra (la española). No hay fronteras simples, muchos compartieron los dos sentimientos, pocos fuimos ajenos a ambos. Los balcones reflejaron esa extraña dualidad, en silencio, sin insultos ni amenazas. Sentimientos callados a los que otros manipulan el volumen.


Me gusta pasear por la ciudad detenida en medio de un gran partido de fútbol. Pocas veces se siente de un modo inofensivo tensión y soledad de guerra. El placer y la sorpresa de oír las exclamaciones al unísono, sonido envolvente, unión de vida y arte, la performance artística perfecta. Coro de ruidos emocionales, como un corazón que late disperso en cada casa. No toda la ciudad vibraba, las zonas hoteleras y de negocios eran un lugar muerto. Unos recibían con tibieza el entusiasmo de “la roja”. Otros eran una sartén chisporroteando inquieta por las ventanas. Los bares desbordaban la gente en la calle, todos atentos a la pantalla, estatuas del tiempo detenido.

El momento orgásmico colectivo me pilló en la Rambla del Raval. Quedé reducido a una antena que recibía la pasión de cientos, miles, millones de personas a mi alrededor. Por fín fluía la alegría contenida, la calle floreció de ilusión y de una alegría irracional, pero tan integradora que emocionaba. La bandera española pintada en pieles oscuras, los tambores magrebís enviando energía y apoyo a la selección.

Ha ganado España. Lo peor viene ahora, hordas alcoholizadas de victoria, con pretendido derecho a botín ideológico. Banderas y consignas celosas que quieren borrar otras. La exclusividad de la victoria, de la patria, de la tribu. Nuestro sistema falla desde su propio origen competitivo y no inclusivo. Me refugio en casa, oigo cláxones, voces roncas arrancando “viva España” y “yo soy español”. Siempre pregunto qué significa ser español, sin respuesta. Afortunadamente el de hoy es un nacionalismo sin armas.


viernes, 16 de julio de 2010

Fast Forward 2010

Fuyuki Yamakawa Me dejó pasmado y a punto de entrar en trance. Minimalismo progresivo, orgánico, sobrecogedor. Escuchar su cabeza! y ver y oír su corazón batiendo, esa pierna de alambre levantándose así para golpear los platillos. El sonido khoomei, la diplofonía. Control de su respiración y de su corazón. Era casi impúdico, entrar dentro de éi, de sus sonidos. No sé si es real o una tomadura de pelo grabada, pero fascinante.


Masako Yasumoto zuizui chuchu: poco a poco fue construyéndose y defendiendo un estilo sugerente, onírico, a veces espasmódico, repetitivo y muy maquinal. Entre Mary Poppins, Buster Keaton y el muñeco diabólico.


Stringraphy Ensemble: A Memory of Forest, hadas e hilos infantiles expandidos, cuarteto de cuerda en forma de tela de araña que nos rodeaba. Tan ñoño e infantil que fue enternecedor. A veces está bien dejarse engañar.


Maywa Denki: Mechatronica

Un catálogo de productos robóticos musicales. Divertido y surrealista, muy japonés.


domingo, 4 de julio de 2010

Flamenco Nou Barris 2010

Cañizares

Me faltaron sangre, vísceras y arañazos. Era un producto procesado y limpiamente envasado, sin riesgos. Tuvo gran éxito.


Mujerez: Juana la del Pipa, Dolores Agujetas y La Macanita (que no pudo asistir).

Voces roncas y poderosas, voces de viudas enfadadas, de amantes heridas, de mujeres de armas tomar. Juana sólida y expansiva, voz seca como una rama. Dolores concentrada y frágil, escapándose por las rendijas del dolor. Por separado parecían dos voces similares, pero no funcionaron bien juntas. Espectáculo que prometía pero que no encajó bien, y la gravedad y duende se esfumó en el entorno frívolo de sus palmeros, los monaguillos revoltosos. Quizás demasiado espectacularizado o demasiado familiar? El público ovacionamos hambriento.


Manuel Jiménez Bartolo: 20 años pa tí.

No sabía qué pensar, el hombre borracho de flamenco hasta el éxtasis me dejó perplejo. Parecía sentirse a sí mismo tanto como para olvidar la esencia, Caracoleó por las normas hasta que desapareció la estructura y se volvió blando, superó el punto de cocción. Reconocía lo que veía, pero se diluía. Lo tenía difícil, actuar antes que Israel Galván, fue valiente.


Israel Galván, La Edad de Oro. David Lagos al cante y Alfredo Lagos a la guitarra.

Me hablaron de él en voz baja, como si fuera fruta prohibida o un monstruo temible. Mis expectativas crecían cuando leía sobre él, o le oía tartamudear en documentales. Un minuto de su baile y caes en sus brazos y patas de araña. Un solo minuto, en soledad y en penumbra, y creí ver la verdad, a mi edad, descreído de tantas fes. Hizo conjuros con su cuerpo, movimientos cargados de señales viejas y nuevas, de arranques subliminales, en un terreno onírico entre la fascinación y la mueca.

Como un ciego, Israel ha leído a oscuras la sensibilidad contemporánea y ha dejado que fluya por las venas del flamenco, pausado, mirando de reojo lo soez y la excelencia. Fluidez sobria, ironía, frescura de precisión milimétrica. Sin aspavientos, ni prisas ni vanidades. Hablaba con su cuerpo, decía lo que debía y acto seguido se escondía en la sombra, dejando brillar a sus compañeros. Israel, el nieto favorito del venerable flamenco, sentado en su regazo, le ha tirado de sus barbas y le ha hecho trenzas profanas con gomas de colores. Burlarse del abismo, jugar con lo atávico, templado, seguro, humilde y agradecido. Dejar fluir su realidad. Respeto y mesura tanto en la tradición como en la ruptura. Estirar las reglas hasta el límite, sin llegar a romperlas. Control espontáneo de su cuerpo entallado y algo macarra, grave y luminoso, siempre en su sitio. Placer casi doloroso, momentos de síndrome de Stendhal, vista nublada y falta de oxígeno. No supe si irme para no verle más o morirme en canal.


viernes, 2 de julio de 2010

Mundial de fútbol

Ajeno al furor nacionalista-deportivo, tomando una cerveza en un ático, de repente todo vibró, la cuidad crujió, coches claxonearon a coro, gritos roncos al unísono, petardos por el cielo. Me alegré mucho, pero seguí sin entender.


sábado, 19 de junio de 2010

Sónar 2010

El Sónar es una concentración de exclusivismo basado en hedonismo adolescente, pretendida actitud relajada y rabiosa vanguardia (música "avanzada" implica que haya otra "atrasada"). Es la oferta de un edén de sensaciones que proporcionará una importante rentabilidad social: el sonarista se unge en su entorno cotidiano con un halo de glamour, belleza y misterio, se convierte en un ser del futuro, fluido y bello. Poderoso. Vibración y masa.


A pesar de tanto espíritu vanguardista, la esencia del Sónar es muy vieja: el espíritu maquillado del circo, el artíficio compartido, provocar un estado de ánimo imaginativo y lejano de la realidad, un espacio flotante cargado de magia y energías invisibles donde se congrega un público dispuesto a creer. A creer que se puede vibrar, volar, dominar la naturaleza o ser poseído por ella, a creer en seres fantásticos y extraordinarios, en la magia y en lo incomprensible que nos rodea y que escapa a lo racional y cotidiano, donde reina la emoción, la magia, lo imaginario, lo irreal, casi religioso. La eucaristía multitudinaria del sonido hedonista. Guarda coherencia que una de sus sedes sean dos museos, lugares de artificio prestigiosos y elitistas.


La trascendencia, sin embargo, desaparece por el culto al instante, lo no permanente, la filosofía zapping y videoclip, el gozo engañoso de ser y estar, basado en estatus. Pretende ser un espacio de absoluta libertad, de alas postizas, polvos de purpurina en la cara, chanclas, gafas y sombreros. Y a la vez un espacio de un fetichismo elitista: las cintas de entrada y los pases Vip ostentosamente mostrados.


Como en cualquier otra feria de predicadores y fenómenos paranormales, el acceso a lo maravilloso y casi milagroso es exclusivo, comercializado, y supone cierto secretismo con respecto al exterior, el lugar de la ceremonia es un espacio físico cerrado y bien delimitado. Desde fuera apenas se entiende lo que ocurre allí dentro, es un entorno vendido como maravilloso fuera del mundo común.


En esta feria pude ver un haz de luz mágico elevándose hacia el cielo (Ryoji Ikeda), vibrando, ví un rayo saltando acompasado frente a mí (Burton y Roy), luchas de muñecos, bocas que sonreían al acercarme, pianos al ritmo de baterías feroces (Aufgang), sentí sonidos golpeando mi estómago y subiendo a mi pecho (King Midas Sound), vibraciones que erizaron mi piel (Dizz1), espacios cerrados llenos de energía intensa e intimidades frágiles al mediodía (BFlecha).


Según el Sónar, la utopía que venden es hedonista, cerrada, exclusiva, creando un flujo de fuera a dentro.

Yo prefiero soñar otra utopía gratuita, un Sónar epicúreo, abierto, inclusivo, fomentando el flujo de dentro a fuera.


Un consejo: si algún día asistes a esta ceremonia, llévate tapones para los oídos.



Flamenco Cajamadrid 2010

Talegón de Córdoba.

Voz seca de carácter cordobés, cante contradictorio, a veces demasiado poderoso, a veces florido sin necesidad. Lo más importante fue la experiencia de este testigo de otras épocas, una enciclopedia andante de la juerga. Fue una clase magistral camuflada de concierto, que entre canciones daba pistas de un pasado que sin ser aún historia, ya desaparece bajo el brillo de la Barcelona prediseñada: el Pescaílla, genio y motor en la sombra, Antonia la Singla, bailaora sordomuda de Sabadell (sordomuda y bailaora!), el Cabaret Emporio, las pensiones de la Calle Unión, Miguel de los Reyes y Bambino, el mecenas Alberto Puig, El Picoco, la Macarena, el Villarrosas. Nostalgia y calor.


domingo, 23 de mayo de 2010

Festival de Flamenco Ciutat Vella 2010


Sobredosis primaveral de flamenco, tan al norte del corazón.

En general el público recibió todas las actuaciones con entusiasmo milimetrado y previsible, guardando las formas del espectáculo. Nos hemos vuelto máquinas de respuesta homogénea?


19 mayo

Fernando Romero y Juan Carlos Lérida: Era la pieza que abría el festival, enfoque contemporáneo, tiempo inicial de brazos cruzados para desmontar expectativas y estructuras conceptuales. Performance basada en gestos reconocibles de flamenco. Un cantaor versátil y sorprendentemente abierto a experimentar sin renunciar a sí mismo, siempre en su sitio. Una viola de roda y una trompeta sintonizados enhebrando los tiempos y los movimientos con discreción. Dos danzantes, Romero bailarín preciso y limpio como un cutter, Lérida bailaor apasionado como una faca. Cutter frente a faca sin guión reconocible. Cuando la razón falla, sólo nos queda agarrarnos a la emoción. Vibramos, y aplaudimos, sin entender. No hizo falta. Lo mejor del día.


Lebrijano: su nombre resuena a solera y sello de garantía, un clásico que sólo puede mejorar con la edad. Pero no. A veces la edad es cruel, a veces es mejor retirarse aún fulgurante y dejar al mito crecer solo. La potencia de su voz apagándose era un poema nostálgico que me hirió. A veces es mejor olvidar lo que vemos y mantener el brillo limpio del recuerdo. O no, y aceptar nuestra condición humana, y hasta la de los grandes. Se le recibió y despidió con el cariño que la condición humana es capaz de dar.


Somorrostro Danza Flamenca: Un espectáculo de flamenco clásico, que nos recuerda el corset de donde venimos. ¿Por qué no me emocionó si la ejecución era correcta? El duende es caprichoso, y a veces no entiende de esfuerzos, por mucho que uno sude y zapatee.


20 mayo

Tócame las palmas (experimentación): tres mujeres entusiastas muy diferentes, las castañuelas complejas de Belén Cabanes, la espalda y brazos sorprendentes de Montse Sánchez, y las maravillosas cejas puntiagudas y al vuelo de Eli Ayala. Las tres siguiendo la voz, la batería y el bandoneón, tan amable, pidiendo permiso, susurrando y quitándole hierro al asunto. El guiso no me llegó a trabar.


Carmen Linares: ya estábamos a sus pies, junto a sus tacones rojos, a juego con la chaqueta. No hacía falta que hicera mucho, pero lo hizo. Tras templar la voz con la primera canción, fue creciéndose y creciéndose para nosotros a pesar de los problemas técnicos. Nos cubrió de fuego y jazmín, acunándonos con la fuerza y versatilidad de una madre de posguerra, inteligente, humilde, seria o alegre cuando se debe, bien acompañada por sus palmeros y el luminoso guitarrista Salvador Gutiérrez. El milagro por fin ocurrió.


Marco Flores: Lo tenía difícil. Veníamos del cielo, aún estábamos flotando, pensando que el mundo era un lugar intenso y maravilloso. De repente todo volvió a ser real. Me dispersé con sus gestos faciales, sus brazos flojos, su indefinición. Sus enormes manos quisieron hipnotizarme en la penumbra, pero yo acababa de ver un milagro.


21 mayo

Sonia Sánchez e Iván Góngora. Jugando con cosas serias uno se puede quemar. Iván juega con el aire irreflexivo, canalla y fanfarrón. Sonia barajea el dolor, moviéndose con la densidad de la tierra. Ambos resplandecían cuando bailaban juntos, ambos deconstruyendo las estrategias del flamenco para construir otra cosa, usándolo al servicio de otra sensibilidad (o quizás la misma?). Apenas había cohesión en este bloque carcomido con primor por ellos mismos, llenos de presente. Tan jóvenes y tan sabios! Esta vez quien se quemó fui yo. Inesperadamente se oyeron llantos de un niño al fondo, recordándonos lo básico del flamenco, la expresión del dolor y la magia de la vida.


Mayte Martín y Juan Ramón Caro. Una mujer con aspecto de cantaor antiguo y un guitarrista con pinta de heavy. No hizo falta más en el escenario para hacerme derrumbar en lágrimas de dolores viejos. Voz y guitarra retorciéndose como un encaje plateado de hilo fino. Mientras que su voz de hielo y cristal me abría en dos limpiamente, ella seguía sentada frente a mí, sobria y socarrona, con las manos blancas, sin una mancha de mi sangre. Una sobriedad que contagió al auditorio, apenas la jalearon, atentos a la caída líquida de su voz. Lo hizo todo limpiamente y a distancia, respetando profundamente las formas y tradición del flamenco, refugiándose tras la silla cuando saludaba, con una sonrisa que delataba que lo sabía. Y el guitarrista fue su cómplice. Fue ella, quien me hirió, lo juro.


Rocío Molina. No la conocía, pero sí a su fama. La bailaora revelación rompió mis expectativas en cuanto apareció haciendo la jaca: rubia, pequeña, gordeta y pija. Me dejó perplejo y enmarañado con mis prejuicios inútiles. Sobrepuesto, no podía quitar mis ojos de ella en cuanto aparecía. No era real, era un androide con cara de muñequita, con un control absoluto de su cuerpo, con fuerza y precisión maquinal. Puro esplendor geométrico mezclado con una energía sexual no explícita. No bailó flamenco, hizo lo que quiso, porque ella puede hacerlo. Espero que el tiempo no le dé sabiduría y poesía. En caso contrario, estamos perdidos.


Achilifunk. Un rumba Dj animado. Intenté bailar y pasarlo bien, pero no pude. La herida estaba abierta, y no era cuestión de bailar sangrando y fingir que no pasaba nada.


22 mayo

La Chana: Una abuela de pasado poderoso varada por la edad en un sillón barroco, y sin embargo nadie de los que la rodeaban estaba más vivo que ella. Sin moverse del trono zapateó y movió los brazos como ninguna. Sólo el amigo que invocó al final estuvo a su altura: Peret. Sólo él podía cumplir el milagro de hacerla mover sus caderas ancianas. El tedio y pudor anterior fue barrido de golpe con sencillez y saber. La fuerza y el duende les acompaña, aunque no les acompañe el cuerpo.


José de la Tomasa: Hombre recio, piel y sabiduría de campesino, su pañuelo de corazones al cuello, ofreciendo sus tonás como melocotones rojos y aterciopelados a quien quisiera quitarse la sed. Nos sentó a su lado y compartió todo lo que tenía en una mesa gastada, pan denso y crujiente, jamón seco casi negro, olivas rotas con sabor a monte, sal gorda, roscos de anís y aceite. Todo aderezado con su candor personal. Plenitud y sobriedad que no nos sació, a pesar de su generosidad.


Fraskito: Música ligera, como una cena de verano sobre manteles bordados, sin sobresaltos ni entrañas, tan sólo la pimienta profunda de los versos de Miguel Hernández. Un balancín agradable para aterrizar de nuevo en Barcelona.


Rumba Vella: Un final clásico, rumbitas que espantan la muerte. Bailar rodeado de brazos desnudos y caderas cascabeleando. Sólo faltaron unas sardinas y un poco de arena en los pies descalzos.


23 mayo

Al dia siguiente veo los andamios del escenario desmontado del Festival de Flamenco, el esqueleto de la ballena que me ha acogido y alimentado estos cuatro dias. Mi consuelo es que mi recuerdo no puede desmontarse. Todavía.


viernes, 21 de mayo de 2010

Campeones: la barbarie camuflada

Oigo un recital de poesía neoyorkina, vanidosa y salvaje, sin más valor que la actitud.

Fuera el Barça ha ganado algo, y un hormigueo de gente uniformada lo celebra en las aceras y las calles llenas de claxons, petardos y gritos compartidos. Recuerdo el entusiasmo y la felicidad coordinada de las imágenes de los principios y fines de guerras.

“Quisiera ser un f 16 para poder bombardear Madrid” El recuerdo de bombardeos me eriza la columna vertebral. Demostraciones de fuerza bruta al borde de la desmesura, agitando banderas, gritando, Orgullo, fanfarronería, agresividad que cualquier psicólogo asociaría con un ego herido. Sobrecoge el ronroneo de la máquina social que se ha desparramado por Barcelona. Abruma el frenesí espasmódico, con tal violencia que hacía temblar las vísceras. Gritaban con los puños en alto, una acusación silenciosa hacia la capital. Necesitamos enemigos, parece intrínseco a nuestra sociedad, al grupo. Un exogrupo enemigo para cohesionar el endogrupo.


Hasta hace bien poco, lo añorado era la igualdad. Ahora se ansía ser el mejor. Qué tipo de sociedad esquizofrénica impulsa a la solidaridad y a la competitividad? Yo no quiero ser mejor que nadie, no quiero ir contra nadie. Quiero sentirme cerca del mundo, no sólo de una parte.



sábado, 27 de marzo de 2010

Valencia en Fallas: Fuego, camina conmigo

De lejos las Fallas son unas fiestas estruendosas y algo kitsch, pero si nos dejamos engullir por su sensualidad oriental, acaba por zarandearnos y derrotarnos. La fachada de brillos estilo Disney esconde una experiencia atávica de sentimientos callados.

“Diviértete y hazte amigo del fuego”. Este fue el consejo de mi oráculo antes de ir a las Fallas. Y no hay otra opción, los petardos son ubicuos, una ciudad en guerra que acaba siendo aceptada con la misma naturalidad de los valencianos. La calle desborda hedonismo mal disimulado, intensidad picante del calor diurno y del frío nocturno, del olor a flores y a pólvora, del roce sensual de la seda colorista, de un laberinto urbano plagado de gente y esculturas, de comida y fruta desmedida, de bandas de música, amigos y familias.

La violencia e inutilidad del estruendo sobrecogedor de las mascletás apabulla e ilumina, aísla y une. Una mascletá es tan dolorosamente emocionante, sutil e inexplicable como una partita de Bach o el olor de algún vino memorable. Su experiencia debe agarrarse al vuelo. En un mundo hipócritamente civilizado, pragmático y racional, acciones como las fallas son necesarias.

Los autores de este frenesí de ruido, fuego y seda apenas se muestran expresivos, los valencianos mantienen un estatismo gestual que no encaja con el exceso que provocan. Ellos parecen reaccionar con satisfacción, pero también con sorprendente estatismo y calma, digna de sacerdotes ceremoniosos y autocontrolados.

Valencia en Fallas me quitó la capa del invierno, llenó mis ojos de fuego y saturó mis sentidos con un concentrado de verano.

domingo, 7 de marzo de 2010

Heaven&Hell

En la Boquería, en apenas 1 minuto he visto (por orden de aparición):
- Un turista llevado por un trilero a saber qué paraíso artificial
- Un hombre meando entre dos coches
- Ferrán Adriá en un coche con los ojos muy abiertos (como siempre, vaya)
- Un mendigo con un cartel de "Tengo hambre" en una mano y un cigarrillo encendido escondido en la otra
- Jamón de jabugo y cigalas al aire y polvo de la calle.

Retorno a Barcelona

Dias de solape entre la Argentina que traigo dentro y la España que me recibe.

Frío invernal, tan seco como el acento español que oigo y leo, sobrio y burocrático.

Diversidad racial diferente: negros, magrebíes, asiáticos.


Imagino a los criollos del siglo XVIII y XIX

volviendo a la corte, tan lejos y tan distinta,

a donde nadie les esperaba, adonde ya no podían volver,

desacostumbrados a este espacio lleno y demasiado controlado.


La prensa sigue con sus folletines de entrega diaria,

nada me he perdido en este tiempo que no la he seguido.

Engranar en lo cotidiano, recuperar el calor amigo.

Recordar lo que no se solucionó aquí,

casi olvidado, latente, inquietando otra vez y más.

Y cuando regresé, lo cotidiano seguía ahí.